|
|
Es como un salto al vacío sin paracaídas. Como intentar llevarle la contraria al mar. Es como si viviera en la nube más alta de todas. Como si pretendiera hacerle pensar al mundo que alguien como ella todavía cree en los cuentos de hadas. Es como si se enamorara hasta la última célula de su ser sin dejar nada para ella misma. Es como si sintiera cada palabra que escribe como parte de su persona, es como si para ella no existiera en el mundo nada más que el aquí y el ahora.
¿Nunca la has visto volar?
Porque lo hace, o al menos lo intenta.
|
#162
Quiero que lo entiendas: te voy a amar eternamente, aún y cuando no estemos jamás juntos. Aún y cuando mis labios besen otros corazones y mis latidos lleven grabados nombres ajenos. Te voy a amar para siempre, aunque sea feliz con alguien más. Te voy a amar hasta el fin de mis días, porque me diste el valor suficiente como para ponerme un vestido rojo. Porque me has hecho guapa, porque me has hecho ser quien soy ahora mismo, pintaste de colores mis uñas y teñiste de oro mis párpados. Me rescataste de un agujero en el que no sabía ni que estaba y devolviste luz a mis ojos. Te voy a amar eternamente, no porque mi amor se vea recompensado, sino porque el devolverme a la vida lleva ese precio consigo. Eternamente.
#161
¿Que qué me ata a él? No mucho más que pensar su nombre cuando me preguntan que qué va a ser de mi vida.
#160
Saltamos de fin del mundo en fin del mundo, ¿no se han fijado nunca? Así escondemos con fechas los millones de fines del mundo que nos asolan cada anochecer.
#159
Espero que os deis cuenta del puto daño que ha hecho el “nada es imposible” en nuestras humildes vidas. ¡Por supuesto que hay cosas imposibles!, solo que nos engañamos al conseguir solventarlas con planes B. Volar es imposible, o sino prueba a tirarte desde la punta de la Torre Eiffel sin nada más que tu chaquetita de punto cuidado; que no, que si conseguimos volar, es porque la tecnología y la ciencia y la madre-que-parió-a-la inteligencia-del-ser-humano, han conseguido que consigamos sobrepasar barreras físicas, pero eso no quita el hecho de que siga habiendo cosas imposibles, que sigamos siendo incapaces de volar a pesar de que miles de aviones cada hora nos digan lo contrario. Pero no, que nada es imposible, esa frase imprimida hasta en nuestro mesencéfalo con letra de imprenta barata anula nuestras propias autolimitaciones y nos eleva a ese poder de dioses eternos que tanto daño hace al mundo en general. ¡Que somos imbéciles perdidos, gente! Que a duras penas conseguimos dividir entre dos mentalmente y andar un kilómetro sin habernos tropezado tres veces en el camino. ¡Pero es exactamente eso lo que nos hace francamente únicos! ¡Por supuesto que hay cosas imposibles, que nos limitan!; y si esa chica no puede hablar con ese chico, no alegues que es su propia tontería por no aceptar la no-imposibilidad del mundo; y si ese chico no puede correr una hora seguida, y si ese hombre no puede coger el teléfono y llamar a su familia, y si esa mujer no puede sacarse la carrera, procura coger el argumento por otros métodos alternativos.
Por supuesto que hay cosas imposibles, ni se te ocurra pensar en lo contrario: el argumento de “nada es imposible” no hace más que infravalorar al ser humano que no consigue algo. “Nada es imposible, es tu propia tontería, o vagueza, o timidez, que no lo consigas.” No: hay cosas francamente imposibles; tan solo es que el ser humano consigue desembarazarse de unas cuantas imposibilidades y consigue ser mucho más de lo que es. Ni se te ocurra menospreciar estos gestos heroicos, porque el ser humano es impresionante. Mucho, mucho, más allá de lo imposible.
#158
Que no hay amor encerrado en una mirada, que no le tengo si está en mis pensamientos, que no soy suya si me piensa, que nuestros pasos tan solo han caminado una vez a la par, que mi nombre no está en sus labios, que el suyo no está en mis oídos, que nos separan más cosas de las que nos unen y ésa es una gran diferencia, que ya no me acuerdo de él a todas horas, que él ya no me busca como si su vida dependiera de ello, que mi sonrisa ya no es la que era en sus mejillas, que sus pecas ya no alumbran mi vida, que nuestra historia acabó hace tiempo y que, aunque todavía se me acelere el corazón al oír su nombre en la lejanía, el fin que crece de nuestras letras tiene toda la capacidad de asegurar que por fin se queda a bailar entre nosotros. Y que esta vez es para siempre.
#157
No, no creo en Dios, pero no se deben alarmar: tampoco creo en los paraguas, ni en los champús alisadores o rizadores, ni en la cafeína de los cafés o en la eficacia absoluta de los medicamentos. No creo en el ser humano, ni en las monedas de menos de 1€, no creo en los maquillajes 24h, ni en los libros que te marcan, ni en los radiadores los días de invierno. No creo en el altruismo sin egoísmo, no creo en la estupidez congénita de muchos, no creo en la Física y a duras penas la Química consigue sacarme una duda. No creo que el Universo sea tan infinito, no creo en las promesas, no creo en la magneficiencia de muchos maestros de la Historia, no creo que el hombre pueda sentir amor, no creo en las rebajas, no creo en los programas de la lavadora, no me creo lo que me dicen en el telediario y tampoco me creo las cifras continuas que se nos da. No creo en los domingos de desconexión, no creo en el moreno de playa, no creo en los saludos espontáneos y tampoco creo que mi despertador me despierte siempre a la misma hora. No creo en la Medicina alternativa, ni en la magia, no creo que se pueda contactar con los ya fallecidos, no creo en las historias de muchos. No creo en los sabores de los caramelos, no creo en las palabras sinceras y no, tampoco creo en las leyendas.
No creo en Dios, pero porque hace tiempo decidí que si quería sobrevivir tan solo debía creer en mí misma y en nada más, así que júzguenme.
#156
Me he perdido. A mí misma, a mi conciencia, a mis ganas de sonreír sin motivo, a mi ausencia de dolores de cabeza, a mis problemas irrelevantes, a mis pasos de bailarina por la ciudad de los sueños despierta. Me he perdido a mí, por ti, por la ciudad que gira entorno a estas palabras, me he perdido sin retorno, sin hilo de oro del que tirar, me he perdido en este puto otoño frío, de demasiadas hojas en el suelo, de demasiadas pocas palabras en los labios. Me he perdido, y solo tengo ganas de llorar, de zambullirme en la noche profunda, de perderme más todavía, de ser ya inalcanzable para nadie, de no aferrarme de absolutamente nada más. Me he perdido, y no sé encontrarme, y no sé si quiero encontrarme, y no sé si querrán encontrarme. Me he perdido, y el sabor es amargo, exigente, frío, frágil, contundente, como sabe el darte cuenta de que has leído demasiado, como saben los finales que no empiezan, como sabe la vida que no vas a vivir. Me he perdido, y no quiero querer ayuda, no quiero querer manos, no quiero querer más lágrimas; me he perdido, y me quiero querer de vuelta, pero no me quiero querer aquí.
#155
- No, no te echo la culpa a ti por creerte con el derecho a tratarme a mí de esa manera, más bien la culpable aquí soy yo por permitirte pensar que soy tal y como me describes. Soy mil veces más que eso, y el simple hecho de poder admitirlo al final habla de una etapa que queda atrás.
»Déjame en paz: soy diez galaxias más que esa persona con la que crees tratar.
#154
No sabes absolutamente nada de ella. No sabes que no es que no lo intentara jamás, sino que se concedió una y otra y otra oportunidad hasta volverse adicta a ellas, hasta conseguir un estado de opciones consecuentes que la colocan en una nube inestable y lejana. No es que no lo intentara: se sacrificó a ella misma para tener todos los intentos del mundo, murió otorgándole una posibilidad detrás de otra. No sabes absolutamente nada de ella, y gracias a ello es fácil concederle el título de la pobre débil que jamás ha arriesgado en la vida; pero tal vez, por una vez, era alguien ajeno a ella aquél que debía dar un paso que jamás llegó a ejecutar. Porque más claro no podía estar, y se acobardó dejándola a ella con mil excusas a las que enfrentarse cada mañana.
No es justo, no sabes absolutamente nada de ella. No sabes lo jodidamente valiente que ha sido, no sabes cuánto ha tenido que aguantar. Nada, absolutamente nada de ella.
#153
Noches como éstas, de tumbarse en el sofá a ver el mundo pasar entre canción y canción, intercalando monólogos y escenas de Community para reír a carcajadas y perder la respiración sin decir palabras; noches como ésta de cocinar y cocinar, y acabar no cenando casi nada (“pero ya desayunarás, no te preocupes”). Noches como éstas de entrelazar lazos de nuevo, de contar de nuevo lo de siempre, de contar para siempre con lo nuevo que va surgiendo. Y pasa que, en noches como éstas, se escriben cosas que jamás llegarán a publicarse, poesías con los títulos de sonrisas musitadas a la luz de una luna oculta por oleadas de calor y unas cuantas persianas intercaladas entre medio.
Te contaré un secreto, que reside en noches como éstas, de Vivaldi, transfecciones y mucho, mucho queso: noches como éstas me dan la vida, y el simple hecho de jamás volver a tener más me la quita. Tan simplemente destructor como eso.
1/17 older »
|