#3
Tenía el mundo en sus manos. Era la reina de su universo. La sencillez bordaba con hilo de oro sus días más claros. Visitaba la luna siempre que quería. Sonreía con mil excusas, vivía cada día por una razón. Chasqueaba sus dedos y los problemas huían despavoridos. Las noches eran el misterio perfecto, las mañanas le iluminaban la piel. Y no había absolutamente nada que una buena canción no pudiera arreglar.
Tenía el mundo en sus manos. Y entonces… entonces te conoció.
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