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Text Post Tue, May. 29, 2012 1 note

#114

Espero que me disculpen la insolencia insertada entre los pequeños espacios de las letras que proceden, pero debo admitir que, fuera de esta puta ciudad, me devoran con la mirada. Los chicos de mi edad me mantienen el contacto visual al cruzarnos por la calle, los más mayores no se molestan en ocultar ese repaso entero que dan a un cuerpo que no sobresale de lo normalito. Pero me miran. Como si realmente mereciera la pena, como si realmente hubiera alguien que suspira por tenerme al lado; alguien que, durante unos breves segundos, se imagina toda una vida mecida entre mis curvas. 

Y no es que fuera de esta ciudad el Sol brille diferente sobre mi piel o que mi cuerpo adquiera una morfología plenamente diferente como consecuencia de las horas de vuelo, no: la culpa la tienes tú. Y me alegra haberme dado cuenta al final. Fuera de tus redes siento que puedo dominar el mundo con solo sonreír de la manera adecuada; sin embargo, tu cercanía latente hace que mi tamaño disminuya hasta convertirme en ese ser invisible al que nadie podría jamás prestar atención. La reina de todo relegada a un segundo plano de nada. 

Para mí lo eras todo y lo merecías todo, y aquello producía una pérdida de mi propia capacidad de comerme el mundo. Necesito recuperar la estima que me robabas lentamente, esa capacidad de decir que valgo la pena, que soy yo contra el mundo, que mi sonrisa vale más que todos los rayos que rozan el suelo por la mañana. Insolencia aparte, que soy plenamente follable y amable. Lo necesito de vuelta.






Text Post Thu, May. 24, 2012 1 note

#113

He hecho la maleta de alguien que quiere desaparecer toda la vida, alejarse del mundo que conoce para empezar de cero (porque esos inicios siempre son los únicos posibles). He cerrado la maleta de alguien que huye en busca de una distancia entre su cabeza y su mundo, de alguien que quiere alejarse de todo lo que conoce durante unos días cruciales. Y si eso, ya volveré.

Porque el retiro viene justo en el exacto momento indicado. Como caído del cielo.






Text Post Thu, May. 24, 2012 1 note

#112

Que hay cosas que jamás sabrás de mí. Mi mayor sueño es poder presenciar un concierto de Jimmy Eat World, aunque no me sepa ninguna de las letras de sus canciones. Estoy aprendiendo nefastamente a darle la vuelta a las tortillas que siempre olvido salar. No me gustan las películas de comedia fácil. Escribo las cosas a hacer en un papel para motivarme al tacharlas. Tiendo a imaginar cada escena que vivo sola en compañía de alguien más; por las noches acurrucada en (tus) brazos, viendo la tele (contigo), cocinando (para ti). Tengo esa extraña afición a leer la última frase de todo los libros que encuentro, porque creo que esa frase tiene el poder absoluto de fastidiar un buen libro. No creo en Dios, no porque haya perdido la fe, sino porque siempre he carecido de ella a pesar de haberla buscado encarecidamente. Estudio Medicina porque me fascina la perfección del cuerpo humano y porque me fascinan las personas. Son pequeñas cosas que no puedo enlistar porque realmente desconozco su existencia (esas mil manías que aparecen de la nada, pero que están ahí); me encantaría que conocieras mis millones de pequeños secretos, pero, ¿sabes?: no los sabrás. Y eso, de alguna extraña manera y ahora mismo, se siente fascinantemente bien. 

Hecha la promesa de que procuraría alejarme de ti, me preguntaba cómo sería capaz de olvidarte cuando el momento llegara. Si realmente tendría la valentía suficiente para dar el paso; me preguntaba dónde estaría el interruptor a pulsar para que mi mundo volviera a cambiar. Pues bien: como convocada por la fecha de inicio grabada en el contrato inexistente de mi promesa, la revelación comenzó a recorrer mi cuerpo. Me di cuenta de que no sabrías de mí, que yo no sabría de ti, y que eso de alguna manera estaría bien. Que nuestros mundos jamás colisionarían, y que tal vez eso es lo mejor que podría pasarnos.

No sabes lo que me he intentado autoconvencer de que no serías más que un huracán en mi suave vida, de que tú y yo no estamos hechos el uno para el otro. De una manera falsa, queriéndome justificar ante tu no presencia en mi historia. Pero hoy y de repente, después de una larga época dedicándote mis palabras y mi mundo, la duda de si realmente te quiero aquí me ha avasallado de una manera tan absolutamente sincera, que todo mis demonios han comenzado a hacer las maletas para macharse, por fin.






Text Post Mon, May. 21, 2012 2 notes

#111

Digamos que quedan unas 36h de la chica que escribe estas palabras. Cuando transcurran, en el mismo instante en el que me meta en la cama una madrugada de miércoles, se habrá esfumado. Permítanme prometerle al viento que voy a conseguir zafarme del agarre que tiene en mi alma, que conseguiré olvidarle, y con él, a todas mis ilusiones, palabras, lágrimas, alegrías, esperanzas. Borrón y cuenta nueva en la libreta de mis sueños. Ya no seré más esa chica que espera indefinidamente en el andén de una estación probablemente abandonada, con la simple ilusión de haber visto el humo del tren llegar. Voy a dejarle muy atrás, y voy en serio: cuando alguien que te daba la vida comienza a quitártela, es hora de dejarle marchar. Y estoy dispuesta (y sino, tendré que estarlo).

Pero digamos que me quedan unas 36h de vida. Y pienso dejarme llevar una última vez por esta maraña de sentimientos que me han acompañado durante demasiado tiempo. Releeré todas las palabras escritas (tanto aquí como en libretas varias); leeré todo lo que una pasada yo sintió alguna vez. Y volveré a sentirlo una última vez, una última vez…

Pido perdón de antemano si derramo alguna lágrima, pero es exactamente lo que me toca: no sabéis cuánto jode haber llorado y reído y soñado y vivido y fallecido para que todo acabe siendo aire, nada, silencio. Un par de lágrimas están justificadas. Y ya. Solo volver a empezar de nuevo.






Text Post Mon, May. 21, 2012 1 note

#110

El destino siempre ha sido mi mejor amigo imaginario. He acudido a él ante situaciones imposibles; siempre me ha brindado la justificación perfecta. Nada pasa sin que el destino lo haya decidido de antes, y qué más da que realmente no crea en él, queda bonito y elegante decir que todo pasa por alguna razón concreta. Que nada queda a la abrumadora imperfección del azar más inquieto. “Será el destino que quiere que pase esto”, “Será el destino que prefiere que pase esto otro”; y la línea de excusas y razones sigue y perdura y nada queda injustificado ante nadie y ante mí misma.

Que quien no se consuela es porque no quiere, dicen. 

Y si mañana me encuentro que el destino nos ha situado en el mismo lugar, será por algo; y si mañana el destino me susurra al oído que en realidad ha separado nuestros caminos, ya está todo dicho. Dejar que el destino decida nuestro sino y echarle a él la culpa de la cobardía que se pegará a mis tacones de bailar.






Text Post Fri, May. 18, 2012 6 notes

#109

¿Se han parado alguna vez a pensar en cómo una simple burbuja de jabón se aferra a la vida con lo poco que tiene? Y aguanta hasta que prácticamente ya todo es imposible de mantener. Fíjense: no es más que una delicada capa de agua sosteniéndose en un mundo de aire. Y le oprimen desde dentro y desde fuera, pero ella solita consigue balancearse dulcemente con cualquier brisa que llame su atención. ¿Saben por qué la presión interna no consigue hacerla explotar? Porque ella hace una presión equivalente con sus paredes. Tensión, la llaman. Da igual cuál sea la presión que le imponga el aire que contiene, ella responderá con una tensión igual para que sus paredes no se fracturen. Por eso se hace esférica, porque así todos los puntos de su cuerpecito hacen la misma fuerza. Es increíble, ¿verdad? Que algo tan simple y tan frágil esté haciendo mucho más que muchos para sobrevivir. Pero si algo tan simple y tan frágil sobrevive, es porque lucha.

Y no sé si se han fijado, pero hay burbujas que cuando rozan el suelo no se rompen, sino que rebotan. ¡Eso sí que es increíble! Es como si se negaran ante lo evidente. Siguen luchando, a pesar de saber que el segundo impacto va a ser mortal. Hay burbujas valientes, luchadoras, que saben que lo han dado todo para mantenerse en el aire, que se niegan a dejar que el suelo les detenga.

Sí. Todos somos una burbujita de jabón flotando en algún lugar…






#108

- ¡Deja ya de intentar salvar el mundo y sálvame a mí, joder…!






#107

Vale, tendrán razón con eso de “si no arriesgas, no ganas”; pero también es cierto que a la gente se le olvida añadir ese “pero tampoco pierdes” que, normalmente, es lo que determina todo.






Text Post Sat, May. 12, 2012 1 note

#106

- Que sí, señoría, que no le estoy quitando la razón. Es cierto que la violencia sin escrúpulos mostrada a todas horas en la tele puede haber jodido muchas vidas. Que los niños ahora son más inhumanos porque ver tanta sangre en la pantalla les ha hecho insensibles al dolor ajeno, y que tantas escenas de sexo sin censura les hace tener la cabeza dedicada a pensar solo en esos temas. Señoría, no le estoy negando eso. Tan solo me gustaría hacer especial hincapié en que nadie, absolutamente nadie, parece hacer mención alguna a cómo las historias de amor nos han jodido la vida a unos cuántos. Que sí, que exponer la muerte en el cine de una manera tan insensible puede generar violencia, pero mostrar historias de amor puro sin dedicar unos minutos a advertirnos que todo eso procede del mundo de la ficción debería estar prohibido.

» Nadie habla del peligro de las historias de amor. Nadie denuncia a Disney y sus putos finales de cuentos de hadas por jodernos la existencia. Nadie proclama que los libros de amor deberían ir a la hoguera. ¡Páginas y páginas de “y fueron felices para siempre” y párrafos y párrafos de “el amor puede con todo” deberían estar entre llamas!, y así prevendríamos a generaciones futuras de esta decepción que sentimos. Nadie sale a la calle a manifestarse en contra de tantas canciones que modelan a las personas que no buscamos nada más que una gran historia de amor que vivir. Señoría: nadie denuncia las putas historias de amor con final feliz, y es el gran error del mundo.

» Tantas horas de películas, tantas páginas llenadas de historias, tantas notas modelando canciones de receptor anónimo, tantas obras, cuadros, edificios, tantas serenatas y teatros, tanto… Tanto, y nadie ha dado jamás un paso al frente para decir: “hey, ni las escenas de violencia ni las de sexo: son las de amor las que me han jodido la puta existencia”.






#105

Estoy completamente perdida y aturdida. Parada enmedio de la nada, sin poder alzar mi mano para aferrar una cuerda que me salve, una mano que me guíe. Me dedico a observar, y así se me va escapando la vida lentamente. Supongo que el Sol del pre-verano tiene la culpa, por iluminar la incoherencia de existencia que llevo ahora mismo. La luz muestra las sombras que pretendo disimular entre historias sin fundamento.

Solo quería decirles algo: hay dos decisiones a tomar. Y la primera la tomo yo, la segunda todavía no sé quién la toma (tal vez ustedes, tal vez yo, tal vez él). Bien, la primera convicción se basa en que me he planteado que, nada más termine la noche de alcohol que dictaminará el fin de exámenes, finalizará mi propia situación personal (la actual, la incoherente, la que no tiene ni base ni futuro). Para bien o para mal, terminará, porque no puedo seguir así. Y sé que lo he dicho mil veces, pero ésta es la verdadera: tengo que avanzar con él o sin él. Ahora bien, es ese “con” y ese “sin” lo que compone la segunda decisión que no puedo ni plantearme. ¿Acaso he de decirle que le dedico sonrisas, lágrimas y palabras (sobre todo, muchas palabras), o lo mejor sería olvidarme de esta pequeña obsesión que me carcome y dejar que el verano limpie su rastro?

Entre arriesgar y huir la opción cliché está muy clara, pero nos quedan cuatro años más de carrera sufriendo juntos. Y aunque sea una clase entera y aunque no seamos ni lejanamente imprescindibles el uno para el otro, estamos ahí, compartiendo algo. No es tan fácil abrirle mi corazón, no lo es. 

Les juro que no sé qué hacer, no sé… Y si no escribo tan de seguido es porque mi cabeza procura mantenerse ocupada en el estudio para no tener que lidiar con lo verdaderamente importante de mi vida. Soy una cobarde y veo claramente el final de todo esto, pero, ¿saben?: lo cambiaría todo por aferrar su mano una sola vez.

Necesito interceptar esa cuerda que me salve, pero no puedo abrir los ojos para verla. “Soy una cobarde” es mi excusa favorita, y de ahí no me sacan. No.





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